Antifascistas

lunes, 26 de noviembre de 2012

Lo que han votado los catalanes

De nuevo en las elecciones catalanas asistimos a lo que algunos llaman paradoja y otros llamamos escándalo:   tiene más escaños en el Parlamento un partido (ERC) que otro (PSC) que, sin embargo, tiene más votos que el primero. ¿Por qué ocurre esto? Algunos me parece que ya han comenzado a echarle la culpa al sistema D'Hondt de atribución de escaños que rige tanto en las elecciones al Congreso de los Diputados como en las elecciones catalanas.
Lo cierto es que la pobre Ley d'Hondt nada tiene que ver con esta "paradoja", sino la circunscripción provincial, tal como ya se puso de manifiesto en otras elecciones.

En las elecciones catalanas de ayer los votos obtenidos por cada partido que superó el 3% de sufragios y los escaños que se corresponden a tales votos dan el siguiente resultado:



- CiU: 1112341 votos - 50 escaños
- PSC: 523333 votos - 20 escaños
- ERC: 496292 votos - 21 escaños (27041 votos menos que el PSC y un escaño más)
- PP: 471197 votos - 19 escaños
- ICV: 358857 votos - 13 escaños
- C's: 274925 votos - 9 escaños
- CUP: 126219 votos - 3 escaños

Aplicando la Ley d'Hondt; pero considerando Cataluña como una única circunscripción los votos obtenidos por cada partido habrían supuesto la siguiente atribución de escaños:

- CiU: 45 escaños
- PSC: 21 escaños
- ERC: 20 escaños
- PP: 19 escaños
- ICV: 14 escaños
- C's: 11 escaños
- CUP: 5 escaños

Este reparto de escaños refleja mucho más fielmente las preferencias de los catalanes y evita que algunos partidos tengan más escaños con menos votos. El problema no es la Ley D'Hondt, el problema es la circunscripción provincial. Si las elecciones son catalanas la circunscripción ha de ser Cataluña, pues esto es lo que puede reflejar más fielmente la voluntad de los electores. En el caso que nos ocupa ahora vemos cómo la circunscripción provincial hace que CiU tenga cinco escaños más de los que le corresponderían de acuerdo con lo que han votado los catalanes; ERC también gana un escaño y quienes pierden son PSC (un escaño), ICV (un escaño), C's (dos escaños) y CUP (dos escaños).
Sería muy fácil elaborar una ley electoral en Cataluña más justa que la actual y que, partiendo de una circunscripción única para todo el país permitiera que el Parlamento fuera un reflejo más fiel de la realidad; pero ¿apostamos algo a que CiU y ERC bloquean esta reforma? Precisamente esos seis escaños que les regala el sistema actual les dan la mayoría que de otra forma no tendrían para bloquear una regulación electoral más justa.

La mejor carrera que he visto

Probablemente la de ayer es la mejor carrera de Fórmula 1 que he visto. Todo un campeonato fiado a lo que suceda en sus 300 últimos kilómetros, cambios de tiempo y en las circunstancias de la carrera; dos pilotos que luchaban por hacerse un hueco importante en la historia del deporte como el más joven tricampeón de la historia; adelantamientos, accidentes, cambio de neumáticos, todo lo que puede desear un aficionado a la Fórmula 1.
Al final quien se llevó el campeonato fue Vettel, y lo hizo con justicia porque, como muchas veces ha dicho Fernando Alonso, al final de la temporada la buena y mala suerte se compensan. Vettel tuvo a final de temporada el mejor coche, pero también es verdad que supo superar todas las dificultades y al final gozó también de la suerte de los campeones.
Con la suerte de los campeones no me refiero a las averías o accidentes que todos sufren a lo largo de la temporada (Alonso tuvo mala suerte en Spa, en Japón y en Italia, donde hubiera ganado si no hubiera tenido una avería en la Q3; pero Vettel también tuvo que abandonar en Valencia cuando lideraba la carrera y seguro que tuvo alguna avería que ahora no tengo presente); sino a esas circunstancias en las que el filo del desastre pasa a un milímetro de tu cabeza y sin embargo sales ileso. Vettel tuvo esa suerte en Abu Dhabi, donde a punto estuvo de perder el morro a comienzo de la carrera y, sin embargo, aguantó hasta el final obteniendo unos puntos valiosísimos; y también en la carrera de ayer. Pudo haber quedado fuera en la segunda curva, y sin embargo la grave avería de su monoplaza no fue a más, pudo mantenerlo en pista y acabar la carrera. ¡Increible!
Ahora bien, al hablar de suerte no podemos olvidar que es la suerte de los campeones, la que acompaña a los pilotos realmente excepcionales; y ayer Vettel volvió a demostrar que no solamente tiene un muy buen coche, sino que es un extraordinario piloto. En lluvia, en condiciones muy difíciles tanto por las circunstancias de la carrera como por la tensión de estar jugándose el título, realizó una remontada espectacular, se mantuvo dentro de la pista cuando ésta deslizaba como un espejo y pudo adelantar varias veces a un montón de pilotos. Un auténtico campeón, sin duda. El agua no se le atraganta; su primera victoria fue bajo un diluvio en Monza; y ayer volvió a demostrar que tiene ese toque especial de las auténticas leyendas. Gran, gran piloto.
En el otro garaje, en Ferrari, hay que destacar la gran labor de equipo de Massa, que hizo de escudero fiel de Alonso como no había visto nunca en la Fórmula 1. La forma en que le cubrió las espaldas y le facilitó el adelantamiento a Webber es para mi nuevo; algo muy diferente a lo habitual que solamente es posible en circunstancias muy especiales como eran las de ayer. Alonso, por su parte, muy sólido; aunque para haber tenido un día realmente espectacular le faltó haber estado con los McLaren y Hulkenberg al principio. Si hubiera podido seguir su ritmo quizás hubiera podido presionar a Button y luchar por la victoria, lo que hubiera convertido a la carrera de ayer en la mejor posible; no fue así y por tanto se quedó en la mejor de los varios centenares que he visto. Me imagino que muchos aficionados compartirán esta misma impresión. Ojalá la Fórmula 1 siga así la temporada que viene. Para eso hay que mantener los aciertos de las últimas temporadas: limitar la aerodinámica, permitir el DRS para adelantar, mantener el actual sistema de calificación y también el sistema de puntuación. Así tenemos carreras realmente divertidas.


domingo, 11 de noviembre de 2012

A las once de la mañana del once de noviembre

El día 11 de noviembre de 1918, a las once de la mañana, concluyó la Primera Guerra Mundial. A esa hora entró en vigor el armisticio firmado seis horas por los representantes de las países beligerantes. En  el tiempo que siguió a la firma del acuerdo y hasta que llegaron las once todavía se encontró ocasión de matar. El día 11 de noviembre de 1918 aún hubo más de dos mil muertos; algunos de ellos pocos segundos antes de que comenzara el armisticio y uno, incluso, más allá de esas once horas. Nada extraordinario para una guerra en la que murieron casi diez millones de soldados (más de seis mil muertos diarios de media durante los cuatro años y pico de contienda, 263 cada una de las horas que duró la guerra; o lo que es lo mismo, un muerto cada diez segundos), a los que aún habría que añadir las víctimas civiles directas o indirectas que fácilmente doblarían esa cifra y un número aún mayor de mutilados o incapacitados permanentemente o con graves heridas. En fin, una matanza en toda regla.
Es curioso ver cómo somos capaces de hacernos un enorme daño a nosotros mismos. A veces pienso que cada uno de nosotros como individuo posee la suficiente razón como para desenvolverse razonablemente en el mundo; pero como especie, como grupo, carecemos de la inteligencia suficiente para garantizar nuestra propia supervivencia. Entre nosotras, las personas, encontramos sabias y santas, a la vez que algunas personas radicalmente malas y unas pocas tontas; pero como grupo somos más bien un niño de tres años que obra por impulsos inmediatos y con nula capacidad de cálculo a medio plazo. Acontecimientos como la Primera Guerra Mundial y como la crisis que vivimos actualmente (y que se mantiene tan solo por la incapacidad de adoptar acuerdos que beneficiarían al conjunto de las personas, pero podrían causar perjuicios singulares precisamente a quienes tienen que adoptarlos) muestran que caminamos por la historia golpeándonos contra las paredes de nuestro encierro. En conjunto la humanidad avanza porque perder unos miles o millones de individuos no afecta a la especie; pero no somos ni la cuarta parte de lo que podríamos llegar a ser si como especie tuviéramos la mitad de la inteligencia que tenemos como individuos.

Sea como fuera es hoy un día en el que se puede recordar aquella tremenda carnicería y para ello recomiendo dos libros. Son muchos los que se han escrito sobre esa Guerra, y la elección que hago no se basa ni en que sean los mejores ni los más significativos; pero son de los que más me han gustado y tienen la ventaja de que uno está escrito por un francés y el otro por un alemán, ambos soldados en la Primera Guerra Mundial y que cuentan de primera mano sus experiencias en las trincheras. Además la perspectiva que adoptan los dos autores es radicalmente diferente. Se trata de "Tempestades de Acero", de Ernst Jünger y de "El miedo", escrito por Gabriel Chevallier.



Ambos autores combatieron en la misma guerra, pero su actitud ante la misma varía sensiblemente. Jünger disfruta en la guerra, es obvio que para él fue una experiencia que le gratificó. Chevallier, en cambio, la sufre como una incomodidad frustrante. Los momentos previos al ataque son vividos por Jünger con exaltación, asumiendo su propia muerte como una posibilidad que no haría más que modificar ligeramente el grandioso espectáculo en el que participa; Chevallier, en cambio, sufre el temor que da título al libro y que hace que cada paso que dé sea consecuencia de un acendrado sentido del deber.
A mi me parece que en el fondo Chevallier y Jünger no son tan diferentes. Sin decirlo claramente en el relato de Chevallier se percibe la tremenda frustración que para él fue no haber sido seleccionado para ser oficial. Probablemente de haberse convertido en teniente (al igual que lo era Jünger) Chevallier hubiera escrito un libro parecido al de su colega alemán. Quizás a nosotros nos parezca absurda tal cosa ahora, noventa y ocho años después del inicio de la Guerra y justamente a los noventa y cuatro años de su finalización; pero invito a leer ambas obras y a comprobar si es o no acertada mi intuición.