Un libro

martes, 4 de septiembre de 2012

Ignominia y traición a Europa


"La Unión [Europea] se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre hombres y mujeres" (art. 2 del Tratado de la Unión Europea).

"La Unión establecerá un mercado interior. Obrará en pro del desarrollo sostenible de Europa basado en un crecimiento económico equilibrado y en la estabilidad de los precios, en una economía social de mercado altamente competitiva, tendente al pleno empleo y al progreso social, y en un nivel elevado de protección y mejora de la calidad del medio ambiente. Asimismo, promoverá el progreso científico y técnico
La Unión combatirá la exclusión social y la discriminación y fomentará la justicia y la protección sociales, la igualdad entre mujeres y hombres, la solidaridad entre las generaciones y la protección de los derechos del niño.
La Unión fomentará la cohesión económica, social y territorial y la solidaridad entre los Estados miembros.
La Unión respetará la riqueza de su diversidad cultural y lingüística y velará por la conservación y el desarrollo del patrimonio cultural europeo" (art. 3.2 del Tratado de la Unión Europea).

"La Unión y los Estados miembros, teniendo presente derechos sociales fundamentales como los que se indican en la Carta Social Europea, firmada en Turín el 18 de octubre de 1961, y en la Carta comunitaria de los derechos sociales fundamentales de los trabajadores, de 1989, tendrán como objetivo el fomento del empleo, la mejora de las condiciones de vida y de trabajo, a fin de conseguir su equiparación por la vía del progreso, una protección social adecuada, el diálogo social, el desarrollo de los recursos humanos para conseguir un nivel de empleo elevado y duradero y la lucha contra las exclusiones (art. 151.1 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea).



La negrita en todos estos artículos ha sido añadida por mí. Me acordaba de ellos ayer, cuando leía que la troika europea había propuesto a Grecia que se aumentara la jornada laboral a seis días. La noticia era adelantada por Eduardo Rojo en facebook y luego la ví confirmada en El País. Si se tratara de una noticia aislada pensaría que es una broma de mal gusto; pero como no es así, como se trata de una propuesta que, por desgracia, es tremendamente coherente con lo que está pasando lo que provoca no es extrañeza, sino indignación, una indignación profunda y dolorosa.
Se trata de una traición a lo que es Europa, a aquello por lo que fueron creadas la Comunidades iniciales y a los objetivos esenciales del proyecto europeo. Los artículos que aquí reproduzco del Tratado de la Unión Europea y del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea no son simple retórica, sino que traducen lo que significa Europa para la mayoría de los europeos: un lugar en el que es posible vivir y desarrollarse como persona sin temor a la miseria y a las injusticias que asolan gran parte del Mundo. Un oasis que tendría que servir de ejemplo para otros ámbitos y donde nadie ha de sentirse abandonado por la sociedad, por sus semejantes. Un lugar en el que las estructuras económicas y políticas están al servicio de las personas.
¿Son conscientes quienes han propuesto esta barbaridad, el alargamiento de la jornada laboral, lo que significa Europa, para qué fue creada? ¿Saben que surgió tras una guerra espantosa en la que fueron pisoteados como en ninguna otra los derechos fundamentales de las personas? ¿Se dan cuenta de que Europa es creada por personas que habían sufrido en sus propias carnes las consecuencias que se derivan de una sociedad injusta y excluyente; personas plenamente conscientes de que si la sociedad no es próspera para todos, los peores demonios saldrán a la luz? Creo que estos funcionarios ni saben nada de esto ni son conscientes del papel que han de jugar como representantes de una de las construcciones políticas y económicas más importantes de la Historia.



El fracaso de Europa en la crisis que nos asola es descorazonador. ¿Cómo puede la Unión Europea no solo tolerar, sino ahondar en la destrucción de la economía griega? ¿Cómo es posible que no solamente se tolere sino que se promueva la exclusión social, la disminución de los salarios, la destrucción del Estado de bienestar? ¿Cómo es posible que el ejemplo griego no haya servido de advertencia y que ahora mismo también Portugal se encuentre en una situación que comienza a ser preocupante y que la tercera y la cuarta economías de la zona euro (Italia y España) estén también sufriendo un castigo en su población profundo e injusto? ¿Cómo es posible que se tolere la destrucción de derechos sociales, la disminuación de la protección social, la alteración de las reglas del juego que han permitido que Europa permaneciera próspera y en paz por más de cincuenta años?
Estamos ante una traición a Europa que no puede dejarnos indiferentes, ante la que hay que reaccionar. Quienes no estén de acuerdo con esta Europa miserable que lo digan, que griten, que actúen. Hay una tarea por delante porque el diagnóstico de lo que sucede es claro: Europa existe como sociedad y como economía, pero Europa no está gobernada por Europa, sino por los Estados. Son los intereses estales y las componendas las que guían el continente al desastre. Muchos lo han dicho, yo mismo lo denunciaba hace años y entonces planteaba que el no asumir un cambio institucional profundo podría tener nefastas consecuencias a medio plazo. Han transcurrido tres años, pero las nefastas consecuencias ya están aquí. En Europa unos ganan y otros mueren. La debacle está aquí mismo y ni siquiera quienes ahora se benefician se verán libres de padecer las consecuencias de una política errada. Una vez que el sur de Europa sea un campo arrasado le llegará el turno al norte, que nadie se equivoque.
Ante esto hay que construir una auténtica política europa. Solamente hay una vía, solamente una solución, solamente una esperanza: Europa, más Europa. Hace poco así lo indicaba un artículo con el que estoy plenamente de acuerdo escrito por tres alemanes. Tiene que haber más iniciativas en este sentido y aquí los partidos políticos tienen que actuar. Los partidos en España, pero seguramente no solo en España, tienen una deuda con la sociedad, que les ha permitido convertirse en los monopolizadores de lo público. Les hemos entregado todo el poder y han de utilizarlo para que las condiciones de vida de todos nosotros sean mejores. Para conseguir esto no hay más solución que una integración política europea y tal integració pasa por la coordinación primero y la fusión después de partidos políticos hasta conseguir auténticos partidos europeos que defiendan políticas europeas no solamente en el Parlamenteo Europeo, sino también en los Parlamentos Nacionales y en los Gobiernos. Los partidos que no opten por esta vía no merecen ninguna credibilidad.



Hemos de reaccionar, hemos de actuar. Tenía razón Eugenia Rico cuando escribía que "Al hombre se le puede quitar todo con tal de que se le quite poco a poco". Ella pone esta frase en boca de un personaje que explica cómo fue posible que los alemanes acabaran privando a los judíos de todo lo que tenían, incluida finalmente su vida. Ahora empiezo a tener la sensación de que nos enfrentamos a la misma estrategia. Reaccionemos antes de que sea tarde.

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