New York Times

viernes, 28 de enero de 2011

De salarios y pensiones

Bueno, pues ya tenemos pacto. Tendremos que ir a trabajar con pañales y todavía estaremos al pie del cañón con el andador de los mayores si queremos cobrar el cien por cien de la pensión. En fin, seguramente es una buena noticia; pero en todo este proceso se está hablando poco (me parece) de un elemento que, creo, es esencial para que el sistema funcione; me refiero a los salarios.
Es sabido por todos que los salarios en España son comparativamente bajos. El mileurismo, que comenzó siendo un fenómeno que afectaba a los más jóvenes y se suponía que debía ser una etapa transitoria en la vida laboral de cada persona, se va incrustando en la sociedad de forma alarmante. Cada vez son más grupos de trabajadores los que cobran en torno a los mil euros; y no solamente trabajadores no cualificados, también universitarios y personas con formación especializada. Además el salario no sube con los años, personas que llevan en el mercado laboral diez o veinte años siguen sin alcanzar un salario que le permita un cierto desahogo.
Las consecuencias de esta situación son muy variadas y con incidencia en varios sectores. Así, por ejemplo, y tal como comentaba hace un tiempo, tiene mucho que ver con el déficit de financiación de las Administraciones que tantos quebraderos de cabeza está causando. Afecta a la vida de las familias: no es una opción que trabajen los dos miembros de la pareja, es una necesidad; y quizás no falte mucho para que tengamos que vivir de tres en tres para poder llegar a final de mes, con lo que en unos años tendremos que abrir la posibilidad de que el matrimonio pueda ser entre más de dos personas; tiempo al tiempo. Además afecta al consumo; no creo que sea una casualidad que España sea el país con más piratería en música y películas. Si tienes poco dinero comprar un DVD o un CD no es una opción. Y que conste que no justifico las descargas ilegales, sino que me limito a explicar por qué en España, con sueldos mileuristas, hay más piratería que en otros países donde los trabajadores tienen salarios más elevados.
Así pues, los bajos salarios son relevantes para muchas cuestiones y también, evidentemente, para las pensiones. En primer lugar, para el cálculo de la pensión que se cobrará, ya que ésta depende del salario percibido durante la vida activa; pero también para las posibilidades de cobro de la misma.
Un error muy extendido es el de pensar que lo que se cobra de pensión es el resultado de la rentabilización de lo cotizado durante la vida activa; y eso no es así. Lo cotizado sirve para el cálculo de la pensión, pero esas cotizaciones no se ingresaron en su día en un fondo para que con los intereses se pudiera pagar la pensión futura. Eso es lo que se hace con un plan de pensiones; pero la Seguridad Social española no funciona sobre ese sistema. Si así fuera sería imposible pagar las pensiones que se están pagando (comparativamente altas) a partir de las comparativamente exiguas aportaciones realizadas durante la vida laboral. Sería, quizás, conveniente, que alguien se parara a explicar a los pensionistas lo que realmente cobrarían como resultado de la capitalización de sus aportaciones. La mayoría se quedarían muy sorprendidos.
No, el sistema se basa en un sistema de solidaridad intergeneracional: los que ahora son pensionistas pagaron las pensiones de quienes estaban jubilados cuando ellos (los pensionistas actuales) trabajaban, y son los trabajadores actuales los que pagan las jubilaciones de los actuales pensionistas. Y aquí viene una primera paradoja: los trabajadores actuales, mileuristas como sabemos, están contribuyendo a pagar pensiones que son, en ciertos casos, más altas que sus propios salarios, ya que su importe se ha calculado sobre las retribuciones proporcionalmente más altas que se cobraban hace décadas. Está bien ser solidario; pero es causa de cierta perplejidad que el favorecido por la solidaridad esté en mejor situación que el dador de solidaridad.
Y es que a medio plazo la reducción de los salarios tiene que implicar, necesariamente, una reducción de las pensiones. Es cierto que existen alternativas, como por ejemplo que parte de las pensiones se paguen vía impuestos, y no necesariamente en su totalidad a cargo de las cuotas de la Seguridad Social; pero a la larga la devaluación de los salarios ha de implicar una devaluación de las pensiones y, como veíamos antes, una disminución del consumo, menores ingresos vía impuestos y, por tanto, una contracción de la Administración que, probablamente, deberá acabar por pagar también salarios mileuristas a sus funcionarios (ya lo está haciendo con los que no son de las escalas A y B).
¿Es éste el panorama que queremos? Supongo que no, y por eso urge aumentar los salarios en este país. No se plantea como una prioridad y siempre se está hablando de contención salarial; pero esa vía solamente nos conduce al desastre. Si queremos mantener la estabilidad y desarrollo del país hay que introducir las reformas que sean necesarias para conseguir un aumento de los salarios.
La pregunta del millón es cómo se puede conseguir que los salarios aumenten. Me imagino que no existe una medida mágica que consiga esto automáticamente; pero quizás se puede pensar en algunas orientaciones. En primer lugar, hay que primar los sectores productivos con un mayor valor añadido y que menos susceptibles son de competencia por parte de países en vías de desarrollo con salarios muy bajos. A mi las ayudas a las plantas de montaje de coches me dan cierto repelús porque intuyo que meter dinero ahí es tirarlo a un pozo sin fondo. Hace poco se llegó en Barcelona a un acuerdo con Nissan para mantener la empresa y un año después ya estaba otra vez la compañía exigiendo más recortes salariales; y podrá repetir la operación todas las veces que quiera, porque siempre puede llevarse la planta a un país donde se cobre la mitad que en España y se acabó el problema. Por la vía de la industria no hay nada que hacer y, por tanto, hay que limitar las ayudas a estos sectores para centrarlas en aquellos otros que si que crean valor añadido; y para esto una mayor inversión en educación e investigación es fundamental.
En segundo lugar es preciso favorecer el acceso a la actividad empresarial. Una mayor competencia entre los empresarios favorecería la subida de salarios; si son pocas las empresas que compiten por los trabajadores los salarios serán reducidos, si son muchas existirá una tendencia a la subida de los salarios.
Y, finalmente, hay que potenciar la negociación colectiva. Los sindicatos tienen que apoyar una subida real de los salarios. Desde hace casi treinta años permitieron que por la vía de contratos de formación, contratos temporales, etc los más jóvenes fueran casi esclavizados. La compensación era que la situación de los trabajadores fijos no se tocaba. Se produjo así una partición del mercado de trabajo en España que resulta verdaderamente dramática, sobre todo porque aquellos trabajadores fijos privilegiados se están retirando (con buenas pensiones, por cierto) y solamente queda la inmensa masa de mileuristas que se comenzó a formar en la época de las reformas laborales de los años 80. De aquellos polvos, estos lodos.

miércoles, 26 de enero de 2011

Políticas coherentes

No lleva CiU en el gobierno ni un mes y ya está dando muestras de que no se le ha olvidado cuáles han de ser las líneas maestras de su política. Siempre he dicho que CiU, a pesar de ser dos partidos, es de lo más coherente que hay en la política española. No engaña a nadie, cuando se le vota se sabe lo que se vota, y luego no defrauda, no da bandazos que desconciertan a su electorado. Este primer mes es muestra ya de esa coherencia, y han adoptado varias decisiones que nos indican por dónde irá el resto de la legislatura.
Comenzaré por la ayuda a Spanair que se anunció ayer. En otras circunstancias podría no llamar la atención; pero en el contexto actual, en el que desde el propio entorno de CiU se habla de una posible quiebra de la Generalitat, de la imposibilidad de pagar nómina a los funcionarios, de la necesidad de realizar recortes dolorosos, que en ese contexto se acuda en socorro de Spanair con una ayuda de 10 millones de euros resulta significativo. Es cierto que se trata de un préstamo (aunque, claro, en las circunstancias en las que está Spanair ¿lo devolverá?) y que 10 millones de euros no es tanto (el sueldo anual de 300 maestros, más o menos); pero es muestra de una orientación política, sobre todo si la enfrentamos a la paralización de obras de infraestructura como el metro, de la que ya me ocupé aquí. En esta época de crisis se dedica una cantidad significativa a salvar una línea aérea (nos preocupan más los que viajan en avión que los que viajan en metro) cuyo principal valor es la marca de país (se pretende que Spanair sea a El Prat lo que Iberia a Barajas) y que ha sido una apuesta de algunas élites políticas catalanas en un momento en el que se dudaba sobre si lo mejor no sería dejar caer a la compañía. Si a esto añadimos que el replanteamiento de las obras del metro se justifica en que se hace preciso ese dinero para poder realizar políticas de reequilibrio territorial tenemos el panorama casi completo de la política de CiU en materia de transportes.
La segunda es una noticia de esta misma mañana: se ha decidido que en caso de empate en la adjudicación de una plaza en la escuela, tendrán preferencia (cinco puntos más) aquellos aspirantes que hayan tenido un hermano o padre que haya estudiado en el centro. La medida es también muy de CiU: la familia como elemento de legitimación para la obtención de ventajas. Y no me refiero aquí a dar ventajas a familias numerosas o monoparentales, sino a la idea de que si eres parte de una determinada familia tienes más derechos que si eres miembro de otra familia. Pensemos, por ejemplo, en alguno de esos colegios de prestigio concertados a los que todos quieren llevar a sus hijos. Si concurren dos aspirantes con los mismos puntos acabará entrando aquél cuyo padre o madre ya fueron a ese mismo colegio, en la época en la que los crtierios para entrar eran el dinero o las relaciones. Con este criterio se perpetúa la injusticia sobre el acceso a la educación que reinaba hace décadas, traemos al siglo XXI las desigualdades del siglo XX.
Por último, queda por ver qué pasará con el Impuesto de Sucesiones. A mi no me sorprendería que CiU, finalmente, lo eliminara; al fin y al cabo fue una de las escasas cosas que concretó durante su campaña; pero, a la vez, llamaría la atención que en un momento en el que, dicen, las cuentas públicas están tan mal, nos privemos de una fuente de ingresos que, además, no afecta prácticamente en nada a la actividad económica, a diferencia de lo que podría pasar con un aumento del Impuesto de Sociedades, de la Renta, del IVA o de otros impuestos indirectos.
En definitiva, preferencia a una presunta idea de País sobre los intereses concretos de los ciudadanos, preferencia de los territorios sobre los ciudadanos que se hacinan en el área metropolitana de Barcelona, preferencia de las familias "de siempre" sobre los recien llegados y preferencia de los que más tienen sobre el cuidado de lo público; en definitiva, lo que siempre ha sido CiU. Ya digo que es una formación política que siempre ha mostrado una coherencia envidiable.

lunes, 3 de enero de 2011

¡Son los transportes, estúpido!

Para los que sean muy jóvenes (tentado estaba de escribir "demasiado jóvenes"; pero no se puede ser "demasiado" joven) aclararé que el título hace referencia a una frase que se hizo popular en la primera mitad de los 90, durante la campaña electoral en la que Clinton (Bill) derrotó a Bush (padre) en su lucha por la presidencia de los Estados Unidos. Durante aquella campaña, frente a los éxitos en política exterior de Bush, el equipo de Clinton lanzó el slogan "it's the economy, stupid!" para indicar cuáles eran los problemas que realmente preocupaban a los norteamericanos. Desde entonces se usa para indicar lo importante que resulta identificar el punto neurálgico de cualquier problema.
Hoy me he acordado de ella al leer la noticia de que el nuevo responsable de Infraestructuras del Gobierno de Cataluña revisará el proyecto de línea 9 del metro porque "impide hacer políticas de reequilibrio territorial". Y me he acordado porque desde hace catorce años digo a todo el que me quiere oír que los tres principales problemas de Cataluña son el déficit de infraestructuras de transporte, el déficit de infraestructuras de transporte y el déficit de infraestructuras de transporte. Y lo que más me preocupa es que en la clase política nadie lo dice claramente. Cuando llegué a Cataluña en el año 96 me quedé profundamente sorprendido por lo limitado del transporte público. El área metropolitana de Barcelona necesita mucho más un transporte público de calidad que Madrid, porque en Madrid la concentración de población en el núcleo del área metropolitana es mucho mayor que en Barcelona. En Barcelona tan sólo millón y medio de personas viven en la ciudad de Barcelona. En torno a ella se acumula otro millón y medio o dos millones que permanentemente han de moverse por toda el área metropolitana, tanto desde la periferia al centro como entre distintos puntos de la periferia. El área metropolitana es una sola ciudad desde el punto de vista sociológico y económico que, sin embargo, desde el punto de vista de los transportes sigue tratado como un conjunto de pequeñas poblaciones, como si la vida de la gente de Sabadell tuviera que desarrollarse fundamentalmente en Sabadell, la de la gente de Granollers en Granollers y así sucesivamente.
Este planteamiento causa problemas a los ciudadanos, ya que los desplazamientos son largos y llenos de transbordos, incluso sin contar con huelgas averías y otros problemas; pero es que, además, esta limitación en el transporte condiciona el desarrollo económico de toda el área metropolitana. Si los transportes fueran mejores la integración económica y sociológica dentro del área metropolitana sería mucho mayor y eso redundaría en un mayor desarrollo, una mayor actividad económica. Es decir, no se trata tan sólo de hacer que la vida de los ciudadanos de a pie sea mejor (lo que, a lo mejor no preocupa excesivamente a los partidos de derechas, más interesados en los que van en coche o en tractor que de aquéllos que tienen que utilizar (o prefieren utilizar) el transporte público); sino de que la economía mejore. Si queremos estallar como país (en el buen sentido de "estallar") es prioritario mimar el mayor activo de Cataluña: su área metropolitana. Como decía en el título ¡son los transportes, estúpido! porque, al final "¡es la economía (estúpido)!"